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Estoy orgullosa de ser cajamarquina, de tener la humildad de la sierra en mi corazón. Mi abuelita tenía un grande y hermoso fundo “Santa Catalina de Chumbil”, donde he pasado mis más increíbles vacaciones.

Recuerdo las expediciones por el rio con papi y mis hermanos y primos con quienes siempre íbamos, recuerdo también el llamado de los pollitos y gallinas para alimentarlos, también cuando les dábamos leche en biberón a los terneritos y ovejas bebés; recuerdo los ganzos que nos perseguían para mordernos, y jugar con los escurridizos cuyes en mi cabeza. ¡Qué anécdotas!

Recuerdo también que mi abuelita me despertaba a las 6am para poder ir al “rejo”, es decir, el ordeño de las vacas, donde las “rejeras” con sus largas trenzas y sus ganchos multicolores me enseñaban a sacarle leche a las vaquitas. Quería hacerlo cada vez mejor y así era cada vez que iba.
Luego regresábamos a tomar desayuno: el infaltable “caldo verde” hecho a leña, con su quesillo y harina: inigualable!!!

La pandemia nos dio a todos nuevas oportunidades y cambios de rumbo, por lo que emprendí este negocio con el apoyo de mi esposo “de corazón 100% piurano”.

Si en algo puedo retribuir a mi abuelita que está en el cielo, y a mi Cajamarca que tanto extraño (cada vez que escucho sus carnavales me inunda la nostalgia), es hacer conocer sus deliciosos productos.
Gracias papitos, gracias a mis 3 hermanos, y gracias a mi esposo, porque despertaron la idea en mí y me ayudan de muchas maneras.

Gracias también a todos nuestros clientes a quienes llamamos “amigos” por su confianza, apoyo y sobre todo por dejarnos llegar al lugar más importante de sus vidas: su hogar y a quienes debemos el éxito de este emprendimiento.